miércoles, 20 de enero de 2010

Esto lo escribí a mediados del año pasado, hoy lo publico en este blog:

En el último tiempo he notado como algunas de mis concepciones del mundo y de la vida han mutado y transfigurado en otras. Pese a que este es un proceso constante en el ser humano (y en el universo), hay momentos en que somos mas concientes, seguramente cuando la coyuntura estalla hacia el exterior. Momentos de iluminación (no en un sentido religioso) que debemos escuchar.

Creo que por ahora ha sido suficiente meditación, suficiente luz y sombra dentro de mi. Ha llegado la hora de enterrar el puño en lo profundo de la tierra e inyectar mi flujo de energía en la vida. Las tormentas no han aminorado, pero creo que si he avanzado lo suficiente, he derramado cientos de lágrimas y sonreido muchas veces.

¡Quiero poder vivir! Quiero poder ser un anciano y mirar atrás, para contemplar que he vivido y que no sólo he respirado como una masa inerte...

¡Quiero perdonar! Perdonar, perdonar y perdonar... Las traiciones, los golpes, las lágrimas, las puñaladas por la espalda, también quiero poder perdonarme a mi mismo.

La lucha es constante, ha sido mi vida, y creo que la vida de todos. Pero también ha sido un fluir (cuando el dolor forma parte de nuestra escencia, no queda más que aceptarlo y ser parte de la danza que se nos presenta).

Gracias a todos, por favor quiero llorar por mi, por ti y por aquellos, para después levantarme y entregarte ternura.

Por favor, no quiero perderme en esta vida, no quiero seguir el camino más fácil.

Entre el odio y el amor, debe surgir la sangre purificadora, en ese espacio entre la dualidad quiero poder saltar y gritar de una vez el dolor y la alegría, que sea real, que atraviese los planos que he experimentado. Sé que se puede, he visto el ejemplo en muchos seres cercanos y lejanos. Déjame derramar las lágrimas de amor y dolor, dejame por favor, aunque sólo sea una vez. Suelta los grilletes por unas horas y te demostraré que puedo amar y perdonar, contribuir en la transfiguración de este mundo.

Sólo te pido una oportunidad. De la pena a la serenidad. Y sonreirles sinceramente aunque sea en una ocasión. No quiero aplacar la ira ni el dolor. Sólo usarlos como energía vital que sustente un cambio real.

2 comentarios:

Kotho dijo...

Quizás me equivoque, pero quizás sé o al menos tengo alguna noción, sobre a lo que refiere en algunas cosas el escrito.
Y es cierto que no es fácil, sobretodo perdonar, y aceptar el dolor y el sufrimiento. Pero pienso que la clave está en ese dolor o sufrimiento, pena o felicidad, dotarlo de sentido. Es decir, poder llegar a comprender ¿pará qué me ha servido esto? ¿qué puedo sacar de esto? Cuando dotamos este dolor y nuestra vida entera de un sentido, de que no ha sido en vano todo esto que hemos vivido, todo se hace más llevadero y finalmente quizás la pena no pase, siga estando allí, pero la aceptamos, la aceptamos como algo que se cruzó en nuestro camino y lo enfrentamo valientemente, y sobrellevamos esa carga, con lo cual crecemos como personas, como ser viviente único e irrepetible, y nos hacer ser valiosos de por sí. Qué es sino lo que nos hace únicos, si no lo son nuestras penas y alegrías, que nos han forjado como seres humanos. al darle un sentido a todo aquello, podemos seguir viviendo y creciendo día a día. Como dijo Spinoza: "El sentimiento que se convierte en sufrimiento, deja de serlo en cuanto nos formamos una idea clara y precisa del mismo".

Saludos

.x. dijo...

desde ese tiempo hasta ahora ¿que ha cambiado en cuantos a los pensamientos expuestos en esta entrada?, algo debe ser diferente para que la hayas publicado. Al final son los cambios en nuestra forma de entender y presentarnos ante el mundo lo que nos hace crecer y seguir. Me pasa que cuando miro atrás puedo entender de forma clara donde estoy parado hoy. Espero que éste sea tu caso amigo!!