jueves, 21 de febrero de 2008

Nephren-Ka


Estoy en medio de un templo egipcio, formo parte de algún ritual cuyo fin no conozco. Es una construcción con muchas galerías de pilares decorados con geroglíficos, magníficamente pintados. Los pasillos son semicerrados, hay muchas partes donde puede entrar la luz, y se puede ver el exterior. En algunos lugares el techo no existe, por lo que se producen muchos contrastes de luz, aunque no tan acentuados en este momento, cuando el atardecer entrega una tenue iluminación anaranjada. Una suave brisa penetra este edificio abierto a la naturaleza, quizás por una demanda divina.
En el terreno circundante hay un río pequeño, acompañado de juncos y papiros, para luego dar paso a un desierto rocoso y de arenas doradas, donde pululan serpientes y otras alimañas de Horus.

Me subo a un carro que se asimila a los usados por los comandantes en las guerras, también decorado exquisitamente, con carácteres inentendibles para mí, creo que inconcientemente sé soy un espíritu extranjero en estas tierras místicas. El carro comienza a andar por arte de alguna magia que no podría explicar, y avanza en una carrera furiosa por los intrincados pasillos del templo, creo que oigo cánticos a mi alrededor.
Finalmente me detengo tras el respaldo de un trono, en el que está sentado un sacerdote, faraón o alguien importante para el templo y las gentes que confluyen en las afueras del lugar. Justo en este lugar se abre una gran porción del suelo, un cuadrado perfecto. Caigo suavemente. Estoy en una especie de mazmorra, con varias paredes paralelas entre sí, que a su vez forman varios pasillos. En el interor penetra una débil luz del exterior, por lo que puedo ver algúnos cadáveres y esqueletos, ánforas llenas de telarañas e insectos varios, y en general, un aspecto que no es muy esperanzador.
Por alguna razón sé cual es mi misión aquí abajo, asi que agarro un trozo de lanza de guerra que estaba en el suelo y comienzo mi búsqueda. Por un lado voy yo y por el contrario mi padre y mi hermana, la razón de su aparición me es desconocida.
Avanzamos con cautela, cada uno con su arma, hasta que tras pasar varios pasillos, encontramos a la bestia: un ser realmente terrorífico, con forma humanoíde, por lo menos dos metros y medio de altura, piel que parece muerta y que estuviera hecha de cenizas, un color plomizo y una contextura brutal. Está armado solo con sus manos, es calvo y lo veo de espaldas, ya que mis acompañantes lo enfrentan directamente, en el otro extremo de la habitación.
Mientras ellos están medios paralizados, aprovecho la oportunidad y me lanzo con mi arma apuntando directamente su nuca, no quiero pelear con el, necesito aniquilarlo de una maldita vez.
El primer golpe surtió algún efecto, se quedó un poco atontado, mientras yo seguía golpeándolo con todas mis fuerzas e implorando a algúna deidad para que recurriera en mi ayuda. Mis furiosos golpes no lo detienen, se repone y huye hacia el fondo de la mazmorra.
Lo perseguímos y se produce una brutal y sangrienta lucha, donde la bestia atrapa a mi pequeña hermana con sus brazos que se asemejan a dos arboles de gran tamaño. Mi padre está malherido, y en la desesperación recurro a mi ultíma opcíon, una locura que me puede costar la vida. Me abalanzo sobre la bestia y con toda mi fuerza logro agarrar su cuello con mis dos brazos.
Justo en ese momento logro ver su cara: una deformidad absoluta, dientes afilados, ojos completamente negros, inyectados de un odio total hacia la materia viva, y orejas puntiagudas. En resumen parecía un lugarteniente del misísimo Anubis, sacado de una mina de azufre.

Hago tanta fuerza que siento la sangre correr a raudales por mis brazos, mi cabeza casi estalla por la presión, pero sigo con la firme intensión de liberar a mi hermana, que estalla en un llanto desesperado, cosa que me pone más furioso y nervioso a la vez. Comienzo a sentir que la piel de la bestia se comienza a enblandecer en el cuello y aprieto con más fuerza, mientras da alarídos de ira y despeperación. En un momento la ira lo hace obtener una fuerza tan destructiva que creo que es el fin, me entierra sus garras en los muslos y sangro profusamente, maldigo con todas las conjuraciones posibles, mientras está a un paso de liberarse de mi ataque.

Por esto con mi último esfuerzo, resisto el indescriptible dolor, grito como un bárbaro y comienzo a sentir que de su cuello empieza a salir una sustancia líquida y viscosa. Aprieto más aún y estoy seguro que mis brazos están antravesando su tráquea... el demonio de Anubis articula un quejido de ultratumba y vomita todos los pútridos influjos que lo mantenían vivo. Quedo completamente bañado en sus líquidos corpóreos, de un color morado, casi negro. Está muerto. Mi hermana está a salvo. La tarea está cumplida.

Afuera, la noche egipcia reina junto con sus astros milenarios. Un sinfín de antorchas se alzan en alrededor del gran templo.
Ahora comprendo todo. Si, el templo es divino: Nephren-Ka puede gobernar. El temible faraón negro se alza y recibe la bendición con la que podrá ofreceer sacrificios al Cazador de la Oscuridad.
Ahora comprendo todo, mientras el templo oscuro se alzaba en danzas, rituales y cantos de conmemoración, me colocan sobre una piedra totalmente negra, y lentamente voy sintiendo como el cuchillo del sacerdote va abriendo facilemente mi carne, mi estómago, mi pecho.
Ahora comprendo todo, y antes de irme con Anubis para ser enjuiciado, veo mi corazón aún latiendo en la ensangrentada mano del sacerdote, veo mi latiente corazón reflejado en la mirada de aprobación del faraón, silenciosa e inamovible.

4 comentarios:

Crispin dijo...

El relato proyecta imágenes oníricas, al menos así es como yo lo percibí, y aunque nunca me he sentido muy cercano con los asuntos que guardan relación con el antiguo Egipto debo decir que de todas maneras me agradó, creo que es por la manera en como describes aquellos pasadizos algo laberínticos, eso y el enfrentamiento con la criatura me hace recordar un poco "The Legend of Zelda", gran juego por cierto, tal vez son sólo weás mías :P pero en fin, me parece un relato muy bueno ;)

Fëanor dijo...

Jaja buena percepción choro, realmente esto es un sueño que tuve ayer tal y como me ocurrió.
A mi me interesa de sobremanera el antiguo Egipto, sus tecnologías, mitos y mística, quizás es por esta última que no te atrae mucho.
Por otro lado nada que ver Zelda en esto, salió de mi mente dormida 100%.
Ya vendran narraciones de tus gustos pa que no lloris jaja. Saludos y gracias.

celeste marina dijo...

¿dormido 100%? ¿o despierto 100%? o quizás ninguna o quizás las dos . . .
(( ¿no intentaste encender la luz? ))
me gustó el mucho texto, haberlo soñado debe haber sido mejor aún, pero bueno tu te quedas con esa sensación/visión

gracias por salvarme ! ! tequieromucho

Kotho dijo...

Ta weno para ser un sueño, mis sueños ta,bién han sido así de locos y otros bastante fomes, pero en fin los sueños no se cuestionan debido a lo que son, aunque el final me recordó a un texto que leí hace algunos años, no me acuerdo de quien era, pero en el final el protagonista era sacrificado de la misma manera tuya, pero por los aztecas.

Y con respecto a Zelda, genial juego, uno de mis favoritos sin duda =D, pero no se me vino a la mente nunca mientras leia, pero eso tampoco se cuestiona la mente de cada uno, es unica e inigualable.