miércoles, 30 de abril de 2008

Sin Nombre (inconcluso)


Tanto me ha costado llegar hasta aquí, que ya no tengo ningun remordimiento cuando algo me impide seguir la senda hacia mi objetivo. Entonces si aparece lo no deseado, lo elimino de mi vista de la manera más eficaz posible. En mi vida las palabras cobran una importancia menor, a diferencia de los hechos, que son el pilar de una vida silenciosa, desapercibida, dolorosa, pero que ha de llegar al punto que se me indicó hace tantos años.

Creo que el tener una meta tan clara en una existencia humana es algo que muchos profanos desean, pero tengo que decir que no saben de lo que están divagando: simplemente es un peso que tiene dos caras irreconciliables, por un lado el éxtasis continuo de saber el puerto de luz al que llegaré, y por otro el dolor de no tener otra elección, como los confundidos ciudadanos ordinarios la tienen, en abanicos infinitos de posibilidades. Si supieras, amigo, que la iluminación tan buscada por ridículos intentos occidentales, que intentan copiar otras culturas para llenar su vacio espiritual (la ciencia no lo es todo hermano, aunque tu limitada y autoreferente mente no lo logre comprender), está en realidad tan cerca, tan cerca que no logramos percibirla, está en nuestro ADN, en nuestras células. En la mente.

Buscando algo desde que tomé conciencia de mi existencia, buscando algo de lo que no tenía idea, ni nociones ni pistas. Mi tiempo en la Tierra transcurrió como algo silencioso, un ser que conocías tu y pocas personas más; un sinsentido en este mundo donde el que más habla es el más valorado, un reino donde no se aprecia el silencio, si no la estridencia absurda. Oh, que penoso era para mí ver esos ídolos que guiaban nuestra humanidad, becerros de oro, que nunca llegaron a instaurar algo mejor que sus palabras vacías. Siempre me sentí ajeno a lo que estaba establecido, desde que era un adolescente, la dureza de las calles me llevó a ser un poco frío en mi comportamiento, no así en mi interior, donde un hombre sensible (quizás demasado) intentaba aplacar sus pasiones e inquietudes.

Bueno, tu sabes todas esas cosas de mi vida, crecimos juntos, asi que no creo que tenga que recapitular toda nuestra amistad. Voy a saltarme esta parte de mi vida, que si bien me marcó para siempre, no fue lo que en definitiva me llevo a conocer los secretos que hoy percibo con claridad. Mejor ambientarte directamente en el lugar donde llegué despúes que nos separamos.

Tras habernos separado ese ya lejano año, 2011, tras haberme despedido de todos los que dejaba atrás, todos mis seres queridos, mi país, mi vida, me embarqué en el avión supersónico de la fuerza aérea. Mi cometido como psicólogo, en la fuerza aérea me había llevado a ascensos constantes y por cierto grandes halagos por parte de mis superiores. Bueno, Ana, tu sabes lo feliz que estaba por esos días, un poco cegado por la fama y el dinero que estaba consiguiendo en tan poco tiempo, pero al fin y al cabo muy contento, y siempre compartiendo esa alegría contigo y todos nuestros amigos.

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