Una oscura noche de invierno. La lluvia cae sobre mi chaqueta negra impermeable a medida que avanzo por las calles sucias y brillantes de Valparaíso. Tengo la impresión de que todo podría acabarse ahora mismo y no me importaría. Siento que esta calidez dentro de mis ropajes se asemeja a esa del momento justo anterior a la muerte, cuando el cuerpo se siente acariciado por suaves sedas de calor, cuando dejar el mundo terrenal no parece algo tan terrible.Avanzo por avenida Brasil, mientras todo se ve más borroso bajo la humedad circundante. Prendo un cigarro y sigo caminando. Los travestis de hace treinta años, siguen en esa esquina, ahora bajo estrafalarias chaquetas de cuero rojo. Todo es tan igual y tan distinto, las tecnologías de descontaminación parecen haber no tocado esta ciudad... Las ruinas de la intendencia siguen inamovibles, tras la gran revolución del 2054 fueron pocos los edificios públicos que sobrevivieron.
Hoy Valparaíso, vuelve a ser un puerto romántico, oscuro y con secretos, unos mas truculentos que otros. Quien lo iba a pensar, cincuenta años atrás, todo era más moderno que ahora. Creo que estoy en una mini biósfera especial, que se resiste a cambiar con el paso del tiempo.
Plaza Aníbal Pinto, el sucio charco que alguna vez fue fuente, recuerdo mis borracheras en aquellos lugares. Nunca me imaginé que la jungla de tribus seguiría viva a esta altura, por aquí unas mohicas y por allá cueros ajustados, otros vendiendo artesanía pasada de moda, otros sentados. Todo es revoltoso, todo tecnología obsoleta, pero vuelta a ser usada.
Sonrío. Creo que en esta ciudad se puede alcanzar lo infinito, aqui puedes ser un Dios de tu propio mundo personal. Mis amigos se fueron, su ego se los llevó, mientras mi confusión eterna me dejó irónicamente en el mismo lugar.
La lluvia arremete con más fuerza. Me acomodo la chaqueta y me duermo en una banca... las luces iluminan difusamente las pozas de agua, siento un calor agradable en mi estómago... será el agua potable?.

1 comentario:
Soledad,
Al final siempre estás,
Aún cuando hemos bebido incluso de vertientes cristalinas,
que de pronto saben a mierda.
Tal vez allí reside la razón de nuestro pánico,
En la certeza de tu manto omnipresente
En la certeza de encontrarte
Si no hoy, será mañana, si no mañana, al final de estos días.
(o en un banco de una noche lluviosa y porteña)
Pero estarás, con un espejo inmaculado y nada más.
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