Ayer subí la montaña. Ayer fue un día distinto, de esos que marcan lo mejor y lo peor de nuestros seres. Y también donde puedes elegir ser humilde, para aprender de los demás y sus propias virtudes.
Un despertar tempranero (exageradamente para ser época de vacaciones), a las 6:30 A.M. ya estaba con los ojos abiertos, ya recuperado de un fulminante y fugaz amago de resfrío producto de la juerga nocturna y sus vaivenes. La ducha para despertar los sentidos adormecidos y un buen desayuno para darle combustible a esta herramienta que es el cuerpo, pues la jornada sería muy dura (ya lo sabía de antemano). Era un día para entrar en lo sagrado de la Madre Tierra, en la montaña, aquella que los seres humanos llamamos cerro “La Campana”.
La noche anterior antes de dormirme, una oración a la Raíz para que me dejara entrar en sus aposentos y protegiera mis pasos por donde pasara, y sobre todo para que me enseñara con manto la sabiduría para practicarla en mi propia Vida. Para que muestre a su hijo cual es el camino de la virtud.
Entonces recibí el llamado, la señal para partir rumbo al interior de la región, rumbo a las montañas. Y el tren me llevo junto a mis amigos, todos con ganas de moverse y elevarse hasta la cima del mundo, esperanzas, sueños, formas de ser se develaban.
Para cuando llegamos a Limache a encontrarnos con el resto del grupo, ya el reloj había avanzado bastante, pero aún los cielos estaban nublados (una bendición para el calor). Unas pocas provisiones más y nos hallamos dentro del antiguo microbús rumbo a nuestro destino. Cuando nos bajamos comenzamos a subir lentamente, cada uno a su ritmo, cada ser a su propia cadencia. Reconozco que a veces me gustaba ir más rápido, para alejarme un poco del murmullo de la conversa y concentrarme en el sonido de las aves, en el olor de la vegetación nativa o contemplar la densa niebla recibirnos en el lecho de la montaña. “ Esto es Sagrado, gracias Madre por dejarme entrar junto a ti, te debo respeto y humildad, permíte que mis pasos lleguen a su destino a salvo” pensaba para mis adentros. Intentaba que la mente no despilfarrara sus ideas en basura sobre lo que no estaba ocurriendo en ese momento, sobre lo que pasó, podría haber pasado o pasaría. Intentaba ser uno en ese instante, no sólo con mi alma, mi mente y mi cuerpo, si no también con la montaña. El retumbar profundo y subterraneo ascendía hasta mí y yo solo era uno más en el compás latiendo desde el fondo de la Tierra.
Comenzé a transpirar, a estar mojado por fuera (que sensación más gratificante). Compartiendo algunas palabras con mis amigxs, con la compañía que se internaba por su propia voluntad en esta aventura. Subir, subir, subir. Paso a paso, tum, tum, tum. Eramos como hormigas subiendo un montículo de Tierra, “Si un gigante nos osbervara quizás no se daría cuenta del esfuerzo que hacemos” pensaba. Sí, mi cuerpo estaba liviano y fuerte, me sentía mucho mejor que las anteriores veces que había ascendido. Algunos pocos descansos, y la comunidad se empezó a despedregar según los distintos ritmos y aspiraciones. Para cuando y arreciaba el medio día, el Sol hizo su brillante aparición y nuestras pieles comenzarón a expeler más líquido, más esfuerzo era necesario. Ya las piernas, los muslos y los cuádriceps comenzaban a dar señales de que la mente sería vital cuando el cuerpo dijera basta.
Entonces llegamos a la mina, hora de recomposición, descanso e hidratación. Fuente de fuerza y refresco, risas y conversas. “Sí, esto es lo que me gusta estar haciendo en este momento”.
Vamos adelante, vamos a por el último (y más difícil) tramo hacia la cumbre. El calor ya era ardoroso a esa altura, el oxígeno menos abundante, y los cuerpos cada vez más dolorosos. Pero a pura voluntad, nadie se rindió, rocas a plena luz del sol había que atravesar, mucha tierra suelta, y uno que otro resbalón para pensar en lo frágil de la vida.
Después de más de una hora de ascenso en este segundo tramo, llegaron los últimos jadeos, los músculos gritando por piedad y la meta de la cima cada vez más presente en la mente. ¿Cuándo acabará el esfuerzo? Una y otra vuelta en el camino esperando que al fin aparezca ante nuestros ojos la cima, pero eran más rocas, más calor, más dolor. Y sí, cuando finalmente llegó, la rocosa e imponente cima, la sonrisa apareció en nuestros rostros, los miembros entumecidos y sucios a mas no poder, la sed ardorosa, todo eso confluyó en ese instante de felicidad y de fuerza infinita. Todos en la cima finalmente, las casi cuatro horas habían valido la pena para contemplar la Tierra desde las alturas, en perspectiva, con hermandad.
Quizás no todos los que allí nos hallabamos eramos realmente amigos. Pero por esta tarde todos nos unimos, en la escalada, en la felicidad, en la voluntad. En la conversa sincera y provista de los elementos más mágicos para que los diferentes universos en cada uno confluyeran y crearan un instante de sabiduría y pasión, sin otro fin que ser felices.
Que falso, que hipócrita me pareció en ese momento no hacer lo que uno siente realmente, seguir modas o estándares, o incluso seguir los designios de otros por el simple hecho de que tienes miedo a crear dolor o a no ser parte, o a lo que sea. ¿Cuál es tu excusa?, me pregunte, ¿Para no batir tus alas y expandir tu cósmica perspectiva de lo que es real? Estoy feliz de haber alcanzado este lugar, del camino que recorrí, de mis silencios abundantes y las palabras lanzadas al viento, de que mi pecho se llena del ámbar de mi Gran Madre, a la que Amo y Respeto, de que puedo abrazarme y abrazar a lxs que amo, que más dá si paso a llevar uno que otro paradigma en el proceso… Si fueran auténticos deberían resistir por sí mismos, de lo contrario tal vez sean meras ilusiones…
¡Por la poesía que es mi lenguaje, por la vida y la muerte, por la compasión y la humildad, por la fuerza y la valentía, por el silencio y la música, por el misterio eterno, por todo eso me alzo en defensa de lo que amo, en la cumbre de la montaña, en el tambor que retumba desde el fuego subterraneo de la Tierra hasta mi corazón ardiente!

2 comentarios:
Cacha que cuando me llamaste, agarre el celular y cortaste. Y como no tenía plata para devolverte el llamado, esperé que llamarás de vuelta. Supongo que era para que fuera también. Que ganas de haber ido, pero filo, habrá otras oportunidades. Aparte me dijeron que había otro cerro, ¡aún más alto!, cerca de La Campana, está cerca, y es el cerro más alto de la región. Quizás para otra podríamos ir para allá.
Saludos mi buen amigo
uhhhhhhhhhhh... amigo mio, subir la campana que hermoso.. desde esa vez k lo intentamos y yo no alcance tengo tantas ganas de volver y llegar a la cima.. a tal punto que ( los super ejercicios que hago) es por ese fin principalmente y see que ahora lo lograre :). Lo mejor de la naturaleza es estar frente a ella y disfrutar todo lo que nos da, de una manera como llegamos al mundo ..solo el hombre y la naturaleza y nada que se interponga. La campana es una especie de meta personal más naturaleza, mas sonidos extraordinarios que solo ese lugar nos puede brindar.
te quiero mucho amigo mio.
Costo que saliera este post pero hace rato habia pensado algo asii que te iba a postear :)
PD: Vi la pelicula 127 hours.. creo que te gustara :)
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